Vivir en sociedad conlleva unas ventajas, ya que cada persona aporta según sus posibilidades y ve cubiertas sus necesidades gracias a lo que aporta el resto.
Pero siempre hay algún aspecto que se queda sin resolver y es necesario recurrir a acciones solidarias que determinados grupos o personas realizan altruistamente.
Por eso es importante que todos y cada uno de los ciudadanos estemos concienciados con apoyar el bien común en lo que podamos (subir la compra a la vecina anciana, no dejar basura tirada por el campo, colaborar en un comedor social...).
La empresa, mediante el Voluntary Day pone a nuestra disposición un permiso para que todos los trabajadores podamos dedicar un día a alguna de estas actividades solidarias. Cada uno aportamos nuestro trabajo y la empresa aporta esas horas que se consideran trabajadas, aunque no son facturables.
Es una buena experiencia que puede darte a conocer una realidad en la que quizá quieras continuar implicándote.
Sin embargo, para que el voluntariado conserve su esencia auténtica y constructiva, es indispensable trazar límites claros basados en la libertad individual y la ética profesional:
- Absoluta voluntariedad: Estas actividades, como su propio nombre indica, no deben ser obligatorias y nadie debe sentirse presionado por una posible repercusión laboral ni de enrarecimiento del clima de grupo.
- Exclusión de la evaluación de desempeño: La participación solidaria no debe figurar como objetivo para la evaluación profesional en la que no se puede mezclar el desempeño de un rol extralaboral.
- Honestidad en el registro: Un día de trabajo en el proyecto no puede imputarse al Voluntary Day, del mismo modo que no puede imputarse a Consulta Médica. No vale hacer trampas solo para que al proyecto le salgan las cuentas.
